Mostrando entradas con la etiqueta Paseos con perro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paseos con perro. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de junio de 2010

Paseos con perro V

Fardachos

Durante el paseo de está mañana Corso se ha parado a oler algo oculto en la hierba con actitud de recelo, al llegar el paseante se ha dado cuenta de que se trataba del cuerpo inerte de una serpiente, también habían manchas de sangre. No es la primera vez que descubren algo así, al salir del letargo invernal se ven algunas desplazarse por entre las cañas buscando huevos y a pesar de su rapidez no pueden evitar ser aplastadas por algún tractor. El ejemplar tiene mas de un metro de longitud y un grosor en consonancia con esta longitud.
El paseante recuerda que ha leído no hace mucho un artículo que denunciaba la repercusión del cambio climático sobre los reptiles: al elevarse la temperatura media de la tierra, estos animales de sangre fría tienen mas problemas para regular su calor corporal, necesitan pasar mas tiempo ocultos y en consecuencia dedican menos a procurarse alimento. Esto les augura una lenta extinción que como siempre se cebará sobre los mas débiles. Sobrevivirán los mas rápidos en adaptarse, según las implacables leyes de la evolución.
Al paseante le gustan los reptiles, los engloba con el mas poético nombre de fardachos, le gustan su silencio, su sigilo y la maldición que pesa sobre algunos de ellos. Sabe que últimamente la literatura, el turismo y sobretodo el cine les ha proporcionado cierto prestigio a la rama de los llamados dinosaurios. No obstante su subespecie preferida es la de los dragones, estos seres mitológicos a los que podemos disfrazar con cualquier anatomía y poderes.
Ya de vuelta a casa y por una especie de sincronismo universal observa mas lagartijas que nunca. Corso no consigue cazar ninguna.


jueves, 27 de mayo de 2010

Paseos con perro IV

Ingenuos

Al paseante algunos amigos lo califican de ingenuo, él está de acuerdo, es una de sus características, cree en la bondad de la gente antes que en su maldad.
En su paseo matutino de hoy le ha dado por recordar que estos últimos días ha oído y ha visto al molt honorable pregonar hasta desgañitarse: «...yo no me he enriquecido, yo no he hecho nada...» Como es un ingenuo se lo cree, pero ¿No sabe el molt honorable que precisamente ese es su delito? No se ha enriquecido, simplemente no ha hecho nada mientras los contratadores de sus consejerías han hecho todo lo demás. Él sólo se ha dejado alagar la vanidad aceptando unos regalos.
El molt honorable también es un ingenuo al igual que sus correligionarios del este y del norte, éstos dos además de ingenuos: cínicos y prepotentes.
Está claro que el poder corrompe y que la camarilla que rodea a los poderosos ayuda a que esto sea así. En su afán por alagar al mandamás le hacen creer que está por encima de la ley, del bien y del mal, le dicen que los votos lo absuelven y que puede hacer lo que quiera, que está en su derecho.
Pero un president molt honorable debe saber estar en toda situación: debe saber recibir los aplausos, las palmaditas en la espada y los vítores de sus votantes, jefes y seguidores; debe saber probarse trajes; debe saber emocionarse escuchando y cantando lo himne; y sobre todo debe saber cuando está haciendo el ridículo él y su autonomía y saber retirarse. El president sin embargo sigue adelante en su locura personal y política hasta pronunciar frases tan surrealistas por calificarlo de forma benigna como la de: «...pido para mi Gobierno una medalla mundial interplanetaria...»
De todo esto resulta una acusación por «cohecho pasivo impropio,» lo de «impropio» en términos jurídicos debe significar algo así como que «te ha tocao de rebote,» pero el paseante piensa que es mejor atribuirle la propiedad de que es impropio de personas con sentido común, impropio de personas humildes y sobre todo impropio de personas honradas.

El paseante al cruzarse con El de la vara vuelve a este mundo, busca a Corso y lo encuentra cerca de él ajeno a sus tribulaciones, guiado por su instinto ni siquiera es consciente de que en el estado de California hay un exagerado abandono de perros chihuahuas debido a la crisis financiera y que en Atenas un colega suyo, mestizo, de nombre Lukanikos enseña los dientes a la pasma mezclado con los manifestantes movidos por una crisis mucho más dura...





P.D.: En la década que llevamos de siglo XXI todo sigue igual, sobre todo en política, tal vez en este momento se esté cociendo un cambio forzoso...
.

sábado, 22 de mayo de 2010

Paseos con perro III

Bocinazos

Vuelve el calor, el paseante se atreve a salir con camiseta de manga corta. En el grupo de Los importantes uno de los componentes viste pantalón corto, lo recuerda de otros veranos, a la vuelta llevará el dorso desnudo, seguramente su terapia consiste en tomar el sol lo más posible.

A la media hora de iniciado el paseo se llega al cruce de caminos principal, si Corso camina por delante se para, se vuelve y mira a su amo, esto lo hace para no tener que dar marcha atrás, el paseante si tiene prisa en ese momento se vuelve, de lo contrario puede ir a la izquierda, muy raramente a la derecha y la mayoría de las veces hacia adelante, Corso una vez aclarado el itinerario se vuelve a adelantar.

Por encima de otros sonidos se oyen a intervalos varios bocinazos que hacen que pierda el hilo de sus pensamientos, por un momento se sorprende pero rápidamente se da cuenta de lo que pasa: como otros años en el grupo de Las chicas de plata varias de sus componentes quieren ponerse morenas y descubren sus brazos, hombros y escotes lo que hace que los camiones berreen como ciervos en celo. Este grupo siempre pasea por la vía de servicio que discurre pegada a la autopista. Está compuesto por madres jóvenes que después de dejar a sus niñas y niños en el cole se juntan para pasear, su número oscila entre dos y seis componentes.
Al paseante le gusta el itinerario del camino de tierra de la ribera del río. Cuando ha llovido y está embarrado pasea por el otro camino, entonces se cruza con Las chicas de plata, saludan muy amablemente, todas menos una, la que mas buena está o mejor ha sabido mantener su juventud, al paseante le molesta esta actitud no tanto por la negación del saludo sino por la confirmación de ese manido prejuicio que unen belleza y soberbia. Otra cosa que molesta al paseante es que le adelanten, por eso siempre procura no caminar delante de este grupo, sabe que van muy deprisa y que irremediablemente le alcanzarán.

Y sin más molestias, prejuicios y machismos misóginos Corso y él vuelven a casa...


lunes, 10 de mayo de 2010

Paseos con perro II

Pordiosero

Como todos los días madruga el paseante y antes de salir de casa mientras lee la prensa digital en su ordenador escucha una emisora de radio a través de internet. Oye las opiniones políticas de los tertulianos y cree que todos tienen razón, sus razonamientos raramente pueden ser revocados, parece que todos están en posesión de la verdad, por eso prefiere leer y escuchar aquellos medios que están más cercanos a sus preferencias socio-políticas.
Esta mañana en el último minuto antes de apagar el ordenador ha escuchado el anuncio de la segunda convocatoria para elegir la palabra más bella del castellano con motivo del día del libro.

Ya en el paseo ha vuelto a recordar el anuncio. Como no es muy participativo sabe que no concursará pero al igual que hace un año elige su palabra preferida: pordiosero.
Le gustan las palabras compuestas como limpiaparabrisas, robaperas, tuercebotas, besamanos, calientabraguetas, aguafiestas, pasatiempo, autoestima... quizá porque son palabras que se pueden inventar y nacer cada día. Se inventa una: salvahoras.

Sin embargo la palabra pordiosero a pesar de ser compuesta ha perdido su solera y se ha quedado en un insulto. Ya no se llama pordiosero al que pide limosna sino al que descuida su vestido, su peinado o su afeitado.
Algunas veces su mujer le dice -¿No irás a salir así a la calle? Pareces un pordiosero, a ver si te van a dar limosna.

Pordiosero es o era una oficio, como picapedrero, zapatero, panadero y muchos otros. Pordiosero es el que pide limosna en nombre de dios o por el amor de dios.
En todas las religiones se predica y se practica la caridad y sin duda el mejor intermediario es ese dios cabeza principal de su credo.
Recuerda el paseante como en su infancia llamaban a la puerta de la planta baja donde vivía toda suerte de pedigüeños:
-Una limosna por el amor de dios.
-Una caridad que dios se lo pagará.
Su madre unas veces atendía el ruego y otras contestaba -Otra vez será hermano, o hermana.
El paseante cuando da limosna siempre es a los que acompañan la petición haciendo sonar algún instrumento musical.

Sus pensamientos discurren y se bifurcan sin condicionantes por todos los rincones del universo hasta desembocar en las antípodas cuando ya de vuelta se da cuenta de que su perro Corso no le sigue ni le precede, no se apura, sabe que lo encontrará cerca de casa, de no ser que se haya ido detrás de una perra en celo. Efectivamente, Corso está rondando los contenedores de basura en las proximidades de su portal, menea el rabo y con su mirada le hace saber al paseante que se arrepiente de la escapada y que no ha pasado nada grave. Los dos suben a casa...

lunes, 26 de abril de 2010

Paseos con perro I

Brotes verdes

El paseante terminó de leer y borrar los emails, apagó su ordenador y mientras lo hacía le llamó la atención el escorzo de una golondrina para introducirse en un hueco del pequeño deslunado de su vivienda. Al ponerse una ligera prenda de abrigo se dio cuenta de unos pequeños granos en sus muñecas, por fin salió de casa como cada día alrededor de las diez de la mañana. En aquella pequeña población del interior a esa hora la temperatura durante la mayor parte del año era la que más le gustaba, solamente en los meses de verano adelantaba la salida para evitar el calor. El itinerario discurría por caminos rurales rodeados de viñedos. Le acompañaba su perro Corso. Se cruzaba con otros paseantes solitarios como él o en grupos, con o sin perros. Los tenía catalogados y les daba nombres: Las chicas de oro, Los importantes, Las chicas de plata, El de la vara, La bruja de Vianos, El civilón... También conocía bien a los perros que se cruzaban con él, era importante para saber si debía amarrar al suyo o no. Corso con algunos se enfrentaba, con los más pequeños jugaba y con el resto practicaba el educado ritual de olerse el culo mutuamente. Corso tenía muy buenos modales.
Hacía casi seis años que se había jubilado y su mujer y él decidieron abandonar la estrechez del agobiante y bullicioso barrio periférico de la gran ciudad y trasladarse a un lugar más ancho y tranquilo donde sólo usaban el coche para visitar a sus hijos o ir al cine.
Durante aquellos paseos su mente estaba más activa y a la vez más contemplativa que en ninguna otra situación.
Aunque nunca había tenido relación con las tareas agrícolas conocía bien el ciclo vital del cultivo de la uva para la producción de vino. La vendimia en la segunda quincena de septiembre durante la cual todo el pueblo olía a bodega, la poda, el sarmentado y la preparación de la tierra para la temporada siguiente entre diciembre y marzo, la salida de los brotes a primeros de mayo, el despuntado un poco después...
Aquel día de finales de abril hacía bastante calor y había decidido cambiar el itinerario. Aunque ya había visto yemas muy hinchadas, todavía no habían salido los primeros brotes, pero por aquel camino se pasaba por delante de unos viñedos muy bien cultivados, de cepas altas con tutores metálicos y que sabía que se cultivaban de forma más industrial. Allí vio los primeros brotes verdes de la temporada. Ya no había duda, la primavera estaba empezando a controlar el ritmo vital de la naturaleza.
En el otoño de su vida empezaba a sentir el deterioro de su cuerpo, nada alarmante, pero si lo suficiente como para dudar de que aquel año disfrutaría de la habitual temporada de urgencias ancestrales o de un gran y molesto grano en el culo... todo podía pasar...
Siguió paseando mientras sus pensamientos se dejaban penetrar por los versos de Antonio Machado «Yo voy soñando caminos de la tarde...»


Seguidores